Una evidente respuesta es que exponemos nuestros datos personales en peligro, aunque no es la única razón.

Es sencillo de entender mediante un ejemplo: a Luis le gusta mucho leer periódicos digitales antes de dormir. Pero desde hace unos días ha detectado que las páginas web que visita tardan mucho más tiempo de lo normal en cargar. Pensó que se debía a que su hijo se estaba descargando algún juego a la vez que Luis quería visitar las web de los periódicos, pero no era así. Entonces hicieron una prueba; apagaron todos los dispositivos conectados al router y vieron que las luces del aparato que indican la actividad seguían parpadeando. Esto quiere decir que alguien más estaba conectado a su red WiFi.

Por desgracia esta situación afecta a muchas familias, debido al tiempo que pasamos en casa por el confinamiento. Cabe destacar que algunos usuarios, antes o durante la cuarentena, ha compartido su red WiFi  con amigos/vecinos con el fin de ahorrarse costes. Pero, sin embargo, esta acción puede traer consigo problemas como el de Luis, aunque no son los únicos, La Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) los señala en su web:

Reducción del ancho de banda. Dependiendo de los individuos/intrusos que se conecten a la red, puede llegar a empeorar nuestra conexión de los equipos.

Robo de la información transmitida. Una mala configuración de nuestra red WiFi puede conllevar a que un ciberdelincuente robar la información que transmitimos.

Conexión directa con nuestros dispositivos. Un ciberdelincuente con los conocimientos suficientes, y si no tenemos bien segura nuestra conexión, podría llegar a conectarse a los equipos conectados a la red, esto significa que tendrá acceso a toda nuestra información.

Responsabilidad ante acciones ilícitas. Al contratar una conexión a internet a través de un proveedor, queda asociada a nosotros, y se asigna una dirección IP que nos identifica en internet. Cualquier acción que se lleve a cabo a través de dicha dirección IP nos llevará a nosotros como contratantes de dicho servicio.

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¿Cómo nos podemos proteger?

Asignar el sistema de seguridad más avanzado: WPA2. Buscaremos las opciones de seguridad para configurar un sistema de cifrado o encriptación WPA2 con un cifrado AES.

Cambiar la contraseña que viene por defecto. Un sistema de seguridad robusto deja de serlo si la contraseña fácil de identificar. Debemos establecer una clave de acceso a la red WiFi de al menos 12 dígitos,  incluyendo mayúsculas, minúsculas, números y símbolos.

Cambiar el nombre de la WiFi o SSID. Normalmente el SSID o nombre de la red viene definido por defecto. Debería ser sustituido por uno que no indique cuál es nuestro operador y que, por supuesto, no guarde relación con la contraseña de acceso a la red.

Modificar la contraseña para cambiar la configuración. Para acceder al panel de configuración del router necesitamos conocer la contraseña de acceso, que viene en la documentación de nuestro dispositivo. Suelen ser muy simples, como “1234” o “admin”. Conviene cambiarla para evitar que si alguien logra conectarse, pueda configurar el router como desee.

Apagarlo si nos ausentamos varios días. Si no vamos a estar en casa y no necesitamos la conexión WiFi para absolutamente nada, lo mejor es apagar el router. Además de ahorrar energía (muy poco), evitamos que un tercero acceda a nuestra conexión.

Fuente: larazon.es

Legatik

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